Duele verte removiendo la cajita de cenizas que el placer tras de sí dejó. Mal y tarde estoy cumpliendo, la palabra que te dí cuando juré escribirte una canción.
Un Dios triste y envidioso nos castigó, por trepar juntos al árbol, y atracarnos con la flor de la pasión, por probar aquel sabor...
El agua apaga el fuego, y al ardor los años. Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño... Y cada vez peor, y cada vez más rotos. Y cada vez más tú, y cada vez más yo, sin rastro de nosotros.
Ni inocentes, ni culpables corazones que destroza el temporal, carnes de cañón. No soy yo, ni tú, ni nadie... son los dedos miserables que le dan cuerda a mi reloj.
Y no hay lágrimas que valgan para volver a meternos en el coche, donde aquella noche en pleno carnaval, te empecé a desnudar....
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